jueves, 2 de abril de 2009

Dos rosas...

Peor momento más delicioso... dos rosas.

Más mejor aún... que conozcas tú la vocación del historiador.

Y más peor pa' mí, que no sea yo tu redentor.

Sacrosanta eres y yo tan sólo un pinche historiador.


Para una géminis

Me gustas...

Por ese andar despreocupado, por dislocar mi orden y entregarme a mis pasiones.

Me gustas...

Porque tras un detalle hay más de mil soliloquios, y sin embargo, la escena no es premeditada.

Porque andas con o sin maquillaje

Por saber que sabes que dos rosas no son fortuitas.

Me gustas, y lo sabes.

Por saber que somos sueños compartidos.

Me gustas, y lo sabes.

Porque tú eres géminis, lo has sabido.


Porque despreocupadamente sabes que soy

Por saber que se no das largas a esta historia.

Y tú intuyes, eres geminis...

Pues trece días más y sabrías lo que todos saben

Hay razón en quien carece...

...y lo más pinche es saber de lo que él, Edmundo, adolece,

mas sin embargo recibo bien aquel abrazo, y más si de ti viene

domingo, 25 de mayo de 2008

Ventana

Desde mi ventana observo esta lluvia vespertina; el olor a tierra húmeda y las estrofas del son despiertan los rincones de mis nostalgias más infantiles. Al final de la calle se cierra una historia. El olor a tierra húmeda es tu aliento... sólo el de aquella noche, sólo el de aquel instante.

Desde mi ventana intuyo los rincones de tu esencia; tu olor de rosa húmeda y pienso que tal vez recordarte sea uno y mil actos de contricción. Al final de la calle se congela el presagio. Tu olor de rosa húmeda se escapa de mi presencia... mas no esa noche, mucho menos el instante.

Y qué hacer cuando un llanto se esconde entre vendavales, cuando caigo en cuenta que no hay más días y te tú escapas tan fugaz... como un lucero intermitente... como la estrella que no lleva tu nombre, aquella que nunca viste.

Desde mi ventana, en lo etéreo, recuerdo una plegaria; el olor a incienso confunde esta lluvia con lo incerto, caigo en cuenta que lo nuestro nunca fue algo cierto. Al final de la calle nos evaporamos en pretextos. El olor a incienso se confunde con tu santidad... pero sólo en la noche eres angel, sólo en las entrañas de tu intimidad.

Y qué hacer cuando ni el tiempo borra una herida, cuando en evasivas se diluyen mis palabras y los días no dan para más pues tú partes... te irás en cualquier parpadeo... te irás en verano y me dejarás la tormenta, aquella que no viste.

Desde mi ventana no encuentro más que indecisión; el dolor de tu partida me recuerda aquel presagio: una tregua en medio de esta guerra. Al final de la calle no habrán montañas. El dolor de tu partida es la razón... te pido una noche, un pequeño instante.

Y qué hacer cuando te evaporas en sliencios, cuando evades esa noche y yo me encubro en la parquedad de mi soberbia por temor a verte lejos... por temor a la tormenta... por temor a embriagarme de tus besos.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Los tiempos ni tan modernos

Hace tiempo que no escribía algo en el blog. No lo sé, más que justificaciones la verdad se resume en haraganería. Cierto es, la escritura pide cierta tranquilidad en la conciencia para que "aflore el guaje", como decimos por este rumbo...

Estamos en noviembre, vaya rapidez con la que transcurre el año. Mucho se dice ahora que en la "posmodernidad" —que ni existe— el tiempo pasa con mayor rapidez; "sepa dios" dijera aquel, pero no tengo una predilección hacia la magnitud del tiempo; ya lo ha dicho el buen Jose Afredo: "el tiempo pasa..."

Pero aún al carecer de inspiración intentaré escribir algo; en contracara sería mejor.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Apología por un pasado

Diré una sustantivo: ayer; y vienen a mi mento los lugares comunes, la nostalgia por aquellos tiempos de nostalgia e idealismo, cuando la banalidad era lo cotidiano. Oigo voces en un parque, ecos de guitarra distorsionada y la soberbia acompañada de inexperiencia.

¿Dónde has quedado?

Tú, mi inspiración ociosa, aquella flor de signo Tauro, de sonrisa cargada de un mar de conjeturas, tú, y mil recuerdos que por más presente aún divagas por mi mente.

¿Qué ha sido de tí ahora que somos tan remotos?, hoy que la inocencia se ha evaporado al calor de los años. Hoy que escribo y ya no medito...