Miércoles 11 de julio, vacaciones, en teoría nada qué hacer...
Debo confesar que no soy de aquellas personas que acostumbran levantarse temprano en vacaciones; simplemente prefiero dormir tarde y descansar mucho.
Pero a veces las cosas son distintas...
aquel miércoles todo parecía predestinado, una mezlca de idoneidad entre levantarse temprano y la disposición. En suma, la actitud necesaria para llevar a cabo una caminata tan anhelada; una travesía con un inicio muy claro (mi casa) y un final desconocido... una conversación conmigo mismo, y en cierto modo una forma de ponerme a prueba en cuanto a mi resistencia.
10.30 a.m.
Después de un buen rato de vacilación la aventura comienza. Para quienes no conocen el punto de partida, les aviso que vivo en Avenida del Imán, más o menos a la altura de Perisur. Luego de atravesar diagonalmente una parte de Ciudad Universitaria (mi segunda casa), logré alcanzar la Avenida de los Insurgentes, a la altura de los campos deportivos de C.U. De ahí en adelante no me separaría de tan hermosa avenida sino hasta en un ratote...
Es curioso: mientras sólo se utiliza como medio de transporte el automóvil se pierde la referencia de muchas cosas, como el tiempo, la distancia y los cambios que hay en las distintas partes de una ciudad. Ya se ha dicho, el automóvil mecaniza la capacidad de asombro en aras de una rutina eficientista.
El primer contraste irrumpió al abandonar la zona de Ciudad Universitaria; la quietud quedó atrás, aparecían los microbuses, la gente con apuros, los semáforos... más asfalto y semáforos. Dicho ambiente de estrés no se dejó sentir sino hasta el cruce de Mixcoac; ya a la altura de Barranca del Muerto la pesadez urbana se dejaba sentir, invitándome a abandonar mi marcha...
12.00 p.m. (Parque Hundido)
Desde antes yo esperaba desdcansar en este espacio público en la Colonia Nochebuena. Por alguna razón no pude. El entusiasmo abate toda posibilidad de claudicar. (En mi opinión esto es inimaginable, pero sucede: soy un fumador empedernido y un borracho que apenas se salva de la frontera del anexo). A diferencia del trayecto anterior, la tranquilidad se asomaba con una regularidad más frecuente. Esperaba ver el WTC como una motivación al paseo.
12.45 p.m. (Viaducto y Nuevo León)
Unos ejes viales atrás mi ánimo cambió al observar por vez primera el WTC; empero, tampocó hice descanso allí. Me limité a comprar un Coca-Cola en lata y fumar un Marlboro Rojo en la esquina de Xola e Insurgentes. ¿Por qué allí? pues porque encontré un parabús donde poder descansar. Extrañamente, con la llegada del Metrobús dichos paraderos tienen utilidad alguna; obvio, al caminante le resultan útiles en sobremanera. A paso continuo, cada vez más hacia el norte...
Y también pude constatar algo que siempre se dice por obviedad, pero pocas veces puede advertirse: la Cd. de México no es una, son muchas ciudades, una constelación de barrios. Simplemente al cruzar Viaducto las cosas cambian, si no radicalmente sí se nota que algo ocurre; la influencia del concepto "Condechi" verifica todo lo dicho sobre aquel rumbo y su gente; Lo cosmopolita y toda consecuencia de ello se deja sentir entre asfalto, parques y edificios.
Qué puede decirse de la Avenida de los Insurgentes, que llega a ser la línea divisoria entre dos colonias tan parecidas pero con vocación tan distintiva. Hablo de la Condesa y la Roma. Y eso es, Insurgentes marca una pauta, mostrando una fachada tan ajena al excentricismo de dos barrios; al parecer la nostalgia congeló su tiempo.
2.00 p.m. (Paseo de la Reforma)
Después de un descanso necesario continúe mi marcha, no sin antes cambiar diez monedas de diez pesos por un billete de cien (¿más cómodo, no?)...
Cosa extraña. Al cruzar Álvaro Obregón se advierte otro contraste; si antes Insurgentes olía a nostalgia ahora se torna más y más populoso. Tengo que atravesar uno de los puntos que menos me gustan de la Ciudad: la famosísima glorieta del metro insurgentes, junto con sus vendimias aledañas. Lo sé, tal vez sea un vestigio de mi infancia, cuando me aconsejaban que ni de chiste me acercara a tal punto. Parece que sigo teniendo miedo. Más que temor, me irrita lo malvibrante de aquel sitio, un lugar circular que me recuerda un infierno de la Divina Comedia. Por fin, unos 200 pasos y la glorieta se vuelve mero trámite.
Ahora llego a un lugar de gran interés para mí por su atmósfera. Creo que es buena recomendación sugerirles una visita a la Colonia Juárez en su lado oriente (pa'quienes no saben que es oriente o poniente: caminando de la Condesa hacia Reforma sobre Insurgentes a mano derecha). Digo interesante porque este sector de la Ciudad es el que tiene mayor abrigo de Gitanos. Y debo aclararlo, no es un zoológico o algo así, simplemente se respira un ambiente fuera de lo común. Es más, les recomiendo que visiten el cafe Gaby's, un sitio que no niega a morir, y muy chido.
Mantengo mi paso hasta llegar al Paseo de la Reforma, sin duda la avenida más bella de chilangolandia. Más palabras no necesito, sólo recordar me basta, y que lo evoquen ustedes también.
4.00 p.m. (Más y más Reforma)
¿Alguien sabe dónde termina el Paseo de la Reforma?, ¿alguien sabe dónde inicia?... todo depende.
Puedo afirmar que esta avenida es la referencia de los sueños y ambiciones de todo mexicano, de cualquier índole (aclaro también). En su comienzo, el Paseo de la Reforma se construyó como un monumento a los próceres liberales. De esta manera, el antiguo camino a Toluca se convirtió en la magna obra del porfiriato. Y así avanzó por todo el siglo XX, surge bajo un gobierno tan contradictorio como la sociedad. Hazañas, utopía e hipocresías...
Reforma inicia en Santa Fe, la opulencia hecha realidad; el mayor símbolo de nuestro país: la referencia obligada al hablar de contrastes entre una pobreza extrema y la lujosa opulencia.
Reforma termina al dividirse en dos avenidas, que como vena y arteria desembocan en la Villa. Símbolo de la esperanza en algo ajeno, la Basílica si se adiciona con Santa Fe es igual al Kitsch. ¿Será por eso lo de "Ciudad de la Esperanza"?
Sin embargo, quiero aclarar que no siento animadversión por esta avenida (por la Virgencita sí); la razón principal es que a diferencia de la Condesa, Coyoacán, Interlomas o el centro de Tlalpan, Reforma se adapta a las necesidades del caminante. Hay quienes se mueven con apuro laboral, otros turistas que simplemente se dejan llevar, y otros locos como yo, medio ampollado por la caminata, pero eso sí, muy contento.
Todo iba de maravilla: crucé Insurgentes, el Eje 1 poniente (donde está el caballito), Avenida Juárez, muy bonito. Pero vaya sorpresa me llevé al llegar a la zona del panteón de San Fernando (que por cierto, debería tener mayor mantenimiento), gran susto. De nuevo los contrastes, la zona de vecindades, la casa con muchas casas que yo creía en franca extinción. Pero existen, como también existe mucha pobreza en una avenida donde calles atrás todo parecía un cuento de hadas animado por Disney. "Populacho vil", diría Guillermo Prieto... no lo creo, queda mucho por hacer, y hay tan pocas oportunidades para esa gente.
5 p.m. (Lagunilla, Alameda y metro Juárez)
A esas alturas ya me dolían los pies; de hecho yo quería llegar hasta la Villa, pero la fatiga no lo permitió; por ahí dicen que también la prudencia. ¿Prudencia?, sí porque Reforma ya es cosa muy distinta al llegar a la zona de la Lagunilla, allí por la Glorieta de San Martín. Lo admito, me dio miedo... y a quién no. Bien, así las cosas decidí ir de la glorieta hasta la Villa en otra ocasión, y acompañado...
El regreso también fue divertido: todo Eje Central hasta la Alameda. Viene a mi mente otro recuerdo de mi infancia. Yo de niño quería conocer Garibaldi, admito que tal vez por escuchar tanto esa palabra como recuerdo de un grupo musical del mismo nombre... y además no vivía en México.
Si ahora me preguntan, diría que ya lo conocí, y no esta vez. Por cierto, nada del otro mundo, salvo lo bizarro y que te dejan chupar en el parque; por cierto, tampoco deja de haber "banda" aplicando el "talón". Mi experiencia: un cuate que le estaba dando duro a su "mona" me pidió primero una moneda; le di un peso, y el canijo ya quería diez. Imaginen: da haberle dado en un principio diez varos me habría exigido cien. Esto se llama inflación. Más hacia el sur nuestro Eje Central se pacifica un poco, aunque a la altura de la Doctores vuelve a ser lo mismo.
Otra cosa, abundan los puestos de tacos de 5 por $15. Cabalístico, dividiendo es igual a tres... tres días de malestar gastrointestinal. Empero, me gusta comerlos, más los de birria porque te regalan el consomé...
Y continué caminando, crucé Bellas Artes y toda la zona "chic" del Centro Histórico hasta llegar a la estación Juárez de la línea tres. Antes (ya como a cien pasos de la estación) comí unos tacos de carnitas que estaban bien ricos. Sólo habían de surtido. Luego el metro en dirección Universidad hasta la última estación; luego micro y a mi casita; luego a beber unas chelas y recuperar lo perdido: unos kilos de más.
P.D. Extrañamente me doliero mucho los pies, pero no paso a mayores (ausencia de ampollas)... sólo algunos callos y una anécdota que ahora les cuento. ¿Distancias?, como 20 km, un poco más, o tal vez menos.
Queda un pendiente, caminar de la Alameda a la Villa (y no voy a cumplir promesas, pero bien vale caminar).
Debo confesar que no soy de aquellas personas que acostumbran levantarse temprano en vacaciones; simplemente prefiero dormir tarde y descansar mucho.
Pero a veces las cosas son distintas...
aquel miércoles todo parecía predestinado, una mezlca de idoneidad entre levantarse temprano y la disposición. En suma, la actitud necesaria para llevar a cabo una caminata tan anhelada; una travesía con un inicio muy claro (mi casa) y un final desconocido... una conversación conmigo mismo, y en cierto modo una forma de ponerme a prueba en cuanto a mi resistencia.
10.30 a.m.
Después de un buen rato de vacilación la aventura comienza. Para quienes no conocen el punto de partida, les aviso que vivo en Avenida del Imán, más o menos a la altura de Perisur. Luego de atravesar diagonalmente una parte de Ciudad Universitaria (mi segunda casa), logré alcanzar la Avenida de los Insurgentes, a la altura de los campos deportivos de C.U. De ahí en adelante no me separaría de tan hermosa avenida sino hasta en un ratote...
Es curioso: mientras sólo se utiliza como medio de transporte el automóvil se pierde la referencia de muchas cosas, como el tiempo, la distancia y los cambios que hay en las distintas partes de una ciudad. Ya se ha dicho, el automóvil mecaniza la capacidad de asombro en aras de una rutina eficientista.
El primer contraste irrumpió al abandonar la zona de Ciudad Universitaria; la quietud quedó atrás, aparecían los microbuses, la gente con apuros, los semáforos... más asfalto y semáforos. Dicho ambiente de estrés no se dejó sentir sino hasta el cruce de Mixcoac; ya a la altura de Barranca del Muerto la pesadez urbana se dejaba sentir, invitándome a abandonar mi marcha...
12.00 p.m. (Parque Hundido)
Desde antes yo esperaba desdcansar en este espacio público en la Colonia Nochebuena. Por alguna razón no pude. El entusiasmo abate toda posibilidad de claudicar. (En mi opinión esto es inimaginable, pero sucede: soy un fumador empedernido y un borracho que apenas se salva de la frontera del anexo). A diferencia del trayecto anterior, la tranquilidad se asomaba con una regularidad más frecuente. Esperaba ver el WTC como una motivación al paseo.
12.45 p.m. (Viaducto y Nuevo León)
Unos ejes viales atrás mi ánimo cambió al observar por vez primera el WTC; empero, tampocó hice descanso allí. Me limité a comprar un Coca-Cola en lata y fumar un Marlboro Rojo en la esquina de Xola e Insurgentes. ¿Por qué allí? pues porque encontré un parabús donde poder descansar. Extrañamente, con la llegada del Metrobús dichos paraderos tienen utilidad alguna; obvio, al caminante le resultan útiles en sobremanera. A paso continuo, cada vez más hacia el norte...
Y también pude constatar algo que siempre se dice por obviedad, pero pocas veces puede advertirse: la Cd. de México no es una, son muchas ciudades, una constelación de barrios. Simplemente al cruzar Viaducto las cosas cambian, si no radicalmente sí se nota que algo ocurre; la influencia del concepto "Condechi" verifica todo lo dicho sobre aquel rumbo y su gente; Lo cosmopolita y toda consecuencia de ello se deja sentir entre asfalto, parques y edificios.
Qué puede decirse de la Avenida de los Insurgentes, que llega a ser la línea divisoria entre dos colonias tan parecidas pero con vocación tan distintiva. Hablo de la Condesa y la Roma. Y eso es, Insurgentes marca una pauta, mostrando una fachada tan ajena al excentricismo de dos barrios; al parecer la nostalgia congeló su tiempo.
2.00 p.m. (Paseo de la Reforma)
Después de un descanso necesario continúe mi marcha, no sin antes cambiar diez monedas de diez pesos por un billete de cien (¿más cómodo, no?)...
Cosa extraña. Al cruzar Álvaro Obregón se advierte otro contraste; si antes Insurgentes olía a nostalgia ahora se torna más y más populoso. Tengo que atravesar uno de los puntos que menos me gustan de la Ciudad: la famosísima glorieta del metro insurgentes, junto con sus vendimias aledañas. Lo sé, tal vez sea un vestigio de mi infancia, cuando me aconsejaban que ni de chiste me acercara a tal punto. Parece que sigo teniendo miedo. Más que temor, me irrita lo malvibrante de aquel sitio, un lugar circular que me recuerda un infierno de la Divina Comedia. Por fin, unos 200 pasos y la glorieta se vuelve mero trámite.
Ahora llego a un lugar de gran interés para mí por su atmósfera. Creo que es buena recomendación sugerirles una visita a la Colonia Juárez en su lado oriente (pa'quienes no saben que es oriente o poniente: caminando de la Condesa hacia Reforma sobre Insurgentes a mano derecha). Digo interesante porque este sector de la Ciudad es el que tiene mayor abrigo de Gitanos. Y debo aclararlo, no es un zoológico o algo así, simplemente se respira un ambiente fuera de lo común. Es más, les recomiendo que visiten el cafe Gaby's, un sitio que no niega a morir, y muy chido.
Mantengo mi paso hasta llegar al Paseo de la Reforma, sin duda la avenida más bella de chilangolandia. Más palabras no necesito, sólo recordar me basta, y que lo evoquen ustedes también.
4.00 p.m. (Más y más Reforma)
¿Alguien sabe dónde termina el Paseo de la Reforma?, ¿alguien sabe dónde inicia?... todo depende.
Puedo afirmar que esta avenida es la referencia de los sueños y ambiciones de todo mexicano, de cualquier índole (aclaro también). En su comienzo, el Paseo de la Reforma se construyó como un monumento a los próceres liberales. De esta manera, el antiguo camino a Toluca se convirtió en la magna obra del porfiriato. Y así avanzó por todo el siglo XX, surge bajo un gobierno tan contradictorio como la sociedad. Hazañas, utopía e hipocresías...
Reforma inicia en Santa Fe, la opulencia hecha realidad; el mayor símbolo de nuestro país: la referencia obligada al hablar de contrastes entre una pobreza extrema y la lujosa opulencia.
Reforma termina al dividirse en dos avenidas, que como vena y arteria desembocan en la Villa. Símbolo de la esperanza en algo ajeno, la Basílica si se adiciona con Santa Fe es igual al Kitsch. ¿Será por eso lo de "Ciudad de la Esperanza"?
Sin embargo, quiero aclarar que no siento animadversión por esta avenida (por la Virgencita sí); la razón principal es que a diferencia de la Condesa, Coyoacán, Interlomas o el centro de Tlalpan, Reforma se adapta a las necesidades del caminante. Hay quienes se mueven con apuro laboral, otros turistas que simplemente se dejan llevar, y otros locos como yo, medio ampollado por la caminata, pero eso sí, muy contento.
Todo iba de maravilla: crucé Insurgentes, el Eje 1 poniente (donde está el caballito), Avenida Juárez, muy bonito. Pero vaya sorpresa me llevé al llegar a la zona del panteón de San Fernando (que por cierto, debería tener mayor mantenimiento), gran susto. De nuevo los contrastes, la zona de vecindades, la casa con muchas casas que yo creía en franca extinción. Pero existen, como también existe mucha pobreza en una avenida donde calles atrás todo parecía un cuento de hadas animado por Disney. "Populacho vil", diría Guillermo Prieto... no lo creo, queda mucho por hacer, y hay tan pocas oportunidades para esa gente.
5 p.m. (Lagunilla, Alameda y metro Juárez)
A esas alturas ya me dolían los pies; de hecho yo quería llegar hasta la Villa, pero la fatiga no lo permitió; por ahí dicen que también la prudencia. ¿Prudencia?, sí porque Reforma ya es cosa muy distinta al llegar a la zona de la Lagunilla, allí por la Glorieta de San Martín. Lo admito, me dio miedo... y a quién no. Bien, así las cosas decidí ir de la glorieta hasta la Villa en otra ocasión, y acompañado...
El regreso también fue divertido: todo Eje Central hasta la Alameda. Viene a mi mente otro recuerdo de mi infancia. Yo de niño quería conocer Garibaldi, admito que tal vez por escuchar tanto esa palabra como recuerdo de un grupo musical del mismo nombre... y además no vivía en México.
Si ahora me preguntan, diría que ya lo conocí, y no esta vez. Por cierto, nada del otro mundo, salvo lo bizarro y que te dejan chupar en el parque; por cierto, tampoco deja de haber "banda" aplicando el "talón". Mi experiencia: un cuate que le estaba dando duro a su "mona" me pidió primero una moneda; le di un peso, y el canijo ya quería diez. Imaginen: da haberle dado en un principio diez varos me habría exigido cien. Esto se llama inflación. Más hacia el sur nuestro Eje Central se pacifica un poco, aunque a la altura de la Doctores vuelve a ser lo mismo.
Otra cosa, abundan los puestos de tacos de 5 por $15. Cabalístico, dividiendo es igual a tres... tres días de malestar gastrointestinal. Empero, me gusta comerlos, más los de birria porque te regalan el consomé...
Y continué caminando, crucé Bellas Artes y toda la zona "chic" del Centro Histórico hasta llegar a la estación Juárez de la línea tres. Antes (ya como a cien pasos de la estación) comí unos tacos de carnitas que estaban bien ricos. Sólo habían de surtido. Luego el metro en dirección Universidad hasta la última estación; luego micro y a mi casita; luego a beber unas chelas y recuperar lo perdido: unos kilos de más.
P.D. Extrañamente me doliero mucho los pies, pero no paso a mayores (ausencia de ampollas)... sólo algunos callos y una anécdota que ahora les cuento. ¿Distancias?, como 20 km, un poco más, o tal vez menos.
Queda un pendiente, caminar de la Alameda a la Villa (y no voy a cumplir promesas, pero bien vale caminar).

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